Una odisea de amor y guerra by Olga Brajnovic

Una odisea de amor y guerra by Olga Brajnovic

autor:Olga Brajnovic
La lengua: spa
Format: epub
ISBN: 9788432150784
editor: Ediciones RIALP
publicado: 2019-03-11T21:39:09+00:00


[2] Ref. A. De F UENMAYOR, V. GÓMEZ IGLESIAS, J.L. ILLANES El itinerario jurídico del Opus Dei. Historia y defensa de un carisma, EUNSA, 1990, págs 123-141.

XVIII.

EL HOMBRE DEL TRAJE GRIS

ALEJADOS EL UNO DEL OTRO, L UKA y Ana vivían pendientes de las cartas que se escribían, pero hacerlas llegar no era una misión fácil ni estaba exenta de peligros.

Desde que abandonó el campo de refugiados de Fermo, él no estaba seguro. Los espías y la policía secreta yugoslava campaban por sus respetos en la caótica Italia de la posguerra, asesinando a exiliados o secuestrándolos para llevarlos al otro lado de la frontera y encarcelarlos. Había que tomar muchas precauciones.

En ocasiones, la correspondencia se interrumpía con largos silencios que provocaban la preocupación y el temor por la suerte del que no respondía.

A menudo me llamaba la policía para que les diera datos sobre los familiares desaparecidos —explica Ana—. Querían saber dónde estaban, desde cuándo no se sabía nada de ellos, posibles direcciones, países en los que se podían encontrar, etc. Naturalmente, la respuesta era siempre la misma: desaparecieron en la retirada y por tanto no puedo dar ninguna información sobre ellos.

La policía incluso intentó sacar información de la pequeña Elica, sabiendo que los niños dicen lo que oyen en casa, sin darse cuenta de las consecuencias.

Es curioso que mi hija pequeña, sabiendo todo sobre su padre, nunca le delató. Dentro de las cartas siempre había algo para ella: algún dibujo, algún cuento, alguna poesía, palabras de inmenso cariño. Ella sabía que tenía que guardar el secreto, porque si no, estaría en peligro la vida de su papá.

Cuando Ana se sentía presionada por la policía, espaciaba las cartas, pero no podía explicar esas dificultades a Luka en sus misivas.

Tampoco podía explicar a mi marido que tenía que andar kilómetros para echar una carta al correo en algún pueblo alrededor de Kotor para despistar a la censura. Estas largas caminatas tenían también sus peligros. Cualquier patrulla militar o policial podría detenerme y pedir explicaciones para esa excursión en solitario. Tenía que tener preparada una respuesta para cualquier eventualidad. No, no era nada fácil mantener nuestra correspondencia.

A pesar de todas las precauciones el cerco se estrechaba. El primero de octubre de 1946, Luka escribe en su diario:

Esta mañana me ha ocurrido una cosa extraña. Volviendo a casa, en la escalera, me esperaba un joven y me preguntó:

—Siete italiano?

—No —respondí, algo sorprendido.

—¿Por casualidad, no es usted Brajnovi ć? —preguntó, esta vez en croata.

—Sí, ¿qué necesita?

—Tengo que entregarle una carta muy importante.

En un instante me pasaron por la mente todas las posibilidades. ¿Quién puede tener conmigo una correspondencia tan confidencial?

—Entonces, démela —dije, esperando obtener la carta.

El joven se metió la mano en el bolsillo, pero me dijo:

—No se enfade, pero es tan confidencial que tengo que pedirle que me enseñe su identificación para estar seguro de que se trata de verdad de la persona a la que se la debo entregar.

En ese momento pensé que a lo mejor había encontrado algún alma buena y caritativa que me estaba mandando dinero.



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